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Tratamiento de la infección
en las quemaduras

Las lesiones de espesor total pueden dañar el cartílago de la oreja, provocando la autoamputación de todo o parte del pabellón auricular. Dado el aporte sanguíneo de esta estructura, comparativamente bajo, será frecuente la condritis cuando evolucione la isquemia tisular. La condritis se ve entre 3 y 5 semanas después de la lesión, pero puede aparecer antes. Se presenta con lesiones de espesor parcial o de espesor total. El acetato de mafenida se ha convertido en el agente tópico de elección en las superficies cartilaginosas quemadas y la incidencia de condritis supurada ha disminuido significativamente desde que se utiliza (v. figuras 10.38 y 10.39). Típicamente, el paciente se quejará de un dolor sordo. La oreja se verá caliente, roja, sensible al tacto y edematosa. Se debe iniciar inmediatamente la administración de los antibióticos apropiados, con la incisión y drenaje de las zonas identificadas de absceso con cultivo y antibiograma. Si continuaran la induración y la sensibilidad al tacto, es imperativo efectuar un desbridamiento más extenso. En general, el hélix tiene forma bivalva en el borde posterior helicoidal y se desbrida todo el cartílago necrótico. Las dificultades pueden surgir al distinguir entre tejido viable y tejido necrótico y es frecuente sacrificar el cartílago normal para garantizar el desbridamiento. Sin embargo, el cartílago infectado está blando, mientras que el cartílago normal se percibirá granular con la cureta. Si no se lleva a cabo una escisión apropiada del tejido necrótico, puede evolucionar a condritis supurada que invadirá el hueso mastoides, un posible foco de absceso intracraneal. Infecciones oftalmológicas Los ojos de la unidad de quemados corren un gran riesgo. Pueden sufrir daños con el traumatismo original o por el tiempo de estancia en la unidad de cuidados intensivos para quemados. La retracción de los párpados por cicatrices y la sedación, que puede ser necesaria, pueden interferir con el mecanismo protector natural del ojo. El estroma corneal avascular está protegido por una capa de epitelio. Cuando se daña, la perforación podría significar la pérdida del ojo. El pilar del tratamiento es la prevención mediante el tratamiento de las abrasiones con colirios antimicrobianos, liberación palpebral precoz y vigilancia de la zona expuesta en el traumatismo. Neumonía La neumonía nosocomial es la principal causa de muerte por infecciones adquiridas en el hospital (v. figuras 10.40 y 10.41). La prevalencia estimada de neumonía nosocomial en el entorno de cuidados intensivos varía del 10% al 65%, con unas tasas de mortalidad del 25% en la mayoría de los estudios. La neumonía asociada con el ventilador (NAV) se refiere especí- ficamente a la neumonía que se presenta más de 48 horas después de la intubación (NAV de inicio tardío) en pacientes con ventilación mecánica que no tenían signos clínicos que indicaran la presencia o desarrollo probable de una neumonía en el momento de la intubación. La NAV que aparece en las primeras 48 horas de intubación es consecuencia de una aspiración y normalmente tiene un mejor pronóstico que la NAV de inicio tardío, que se debe con mayor frecuencia a una bacteria resistente a antibióticos. La neumonía tiene dos causas básicas: la contaminación directa del árbol traqueobronquial vía aerógena o por aspiración bacteriana (que tiene un mejor pronóstico), por un lado, y la neumonía por diseminación hematógena, por otro (v. figura 10.42).